Meditación sobre los aranceles

El déficit exterior es la diferencia entre lo que un país compra y lo que vende al resto del mundo (importaciones y exportaciones); son actos libres y voluntarios resultado de la cooperación entre países.
Cuanto más grande sean los importes de las compras y las ventas más eficientes es la cooperación entre esos dos países. Así por ejemplo para que un iPhone pueda tener un coste de 1.000 dólares en Nueva York es necesario que muchas de sus piezas se fabriquen en Asia. Y a su vez Apple, gracias a esa cooperación, puede vender iPhones fuera de Estados Unidos y reequilibrar en parte su balanza comercial; esta maravilla la explicó en el siglo XVIII el famoso economista inglés Adam Smith a través de su tesis de la “mano invisible del mercado”.
Los aranceles son impuestos a la importación que ponen trabas a este libre intercambio, y en un mundo ideal deberían de ser lo más reducido posibles. Son impuestos que gravan el consumo y por tanto son menos solidarios que aquellos impuestos que gravan los beneficios o la riqueza. Impiden redistribuir la riqueza.
Los aranceles dificultan el comercio internacional, la globalización y la cooperación mundial y por tanto frenan el desarrollo colectivo; impiden dinamizar el progreso de las empresas para poder hacer servicios y productos más asequibles a las personas. Recuerdo que mi padre me contaba que cuando en España el comercio con el resto de mundo era prácticamente nulo (autarquía) pasábamos hambre; la mayor derrota del ser humano tan solo por detrás de las guerras.
En Clínica Baviera siempre intentamos la cooperación entre países; así por ejemplo muchos de nuestros equipamientos médicos proceden de Alemania y en sentido contrario muchos servicios se prestan desde España a Alemania (servicios de administración y contabilidad); siempre buscamos lo más eficiente con un pensamiento global porque eso permite trasladar a nuestros pacientes el mejor tratamiento al mejor precio. Miramos el mundo como un todo y tratamos de sacar lo mejor de cada lugar. Porque si te lo propones todos somos buenos en algo, es cuestión de que te den la oportunidad.
¡Compartir es Vivir!

